Si por identidad se entiende, como usualmente se acostumbra, una
presunta “fidelidad así mismo”, y “ese sí mismo” se concibe como instalación y
defensa de lo dado y alcanzado, tal identidad es contraria al mismo ser del
hombre, si es que el hombre está diseñado para crecer, para
alcanzar lo que todavía no es. Crecer se dice respecto del futuro. En cambio,
la defensa de lo dado mira al pasado. Pero es claro que en el hombre pesa más
el futuro que el pasado. En efecto, el hombre es un ser de proyectos
porque el mismo es un proyecto como hombre. Atenerse al pasado
detiene las neurálgicas energías humanas y acarrea el pesimismo.
Por el contrario, abrirse al futuro fomenta el optimismo.
Juan Fernando Selles
Detengámonos un momento en meditar como padres, quienes realmente
somos, como personas abiertas al otro, en este caso, nuestros hijos y en primer
lugar.
Mirar al futuro es ver el reflejo de nuestros hijos impregnados en
el mundo, como personas distintas a nosotros y con proyectos llenos de ilusión
por hacer de sus vidas un monumento y el mundo como un proyecto de amor.
Solo el autoconocimiento de uno mismo nos dará las herramientas
para ser cada día mejores padres e invitar a nuestros hijos a que hagan lo
mismo por una felicidad distinta de lo que propone el mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario